El nombre de Dios en vano
En los últimos tiempos, en República Dominicana se ha desatado una práctica muy descabellada de “seguir” los caminos del Señor. Se está haciendo costumbre que la gente asista a las iglesias, pero no a escuchar la palabra de Dios, sino a ponerse a tono con los nuevos tiempos. Tal parece que hablar del Todopoderoso se ha convertido en una moda. Y esto lo digo con responsabilidad, ya que he tenido de cerca a personas que hacen uso del gastado refrán “a Dios rogando y con el mazo dando”.
Para escapar por unos minutos de este ambiente abominable, me transporté a una ciudad fábulosa donde no se toma el nombre de Dios en vano. Allí me satisfizo la forma espontánea en que las familias asisten a los templos religiosos. Lo hacen para recibir la gracia del Todopoderoso, nunca para complacer las “exigencias” de aquellas sociedades que imponen como una moda seguir las directrices del Señor. En la ciudad adonde viajé lo que se estila es seguir la religión que predicó Jesús, concentrada en hacer el bien sin mirar a quién, haciendo uso de los 10 mandamientos.
Allí se fortalece la fe en Dios cada vez que se deja en sus manos la carga de cada uno de los problemas de la población. Jamás se pretende creer en que la mano del hombre todo lo puede. Asistir a la iglesia implica abandonar las pretensiones vanidosas, no acumular fortuna para beneficio particular, no atentar contra la integridad física y emocional de las personas y, sobre todo, no usar el nombre de Dios en vano. Desde que una criatura nace se pone bajo los designios del Todopoderoso. A medida que va creciendo se le va inculcando de buena forma lo que significa vivir dentro de la gracia de Dios. Por ello nada corrompe su fe y la confianza en que solo Él lo puede todo. Seguirlo no es una moda. Es sencillamente una decisión que aflora de la consciencia que se tiene de todas sus maravillas.
La verdad que cuando regresé a mi realidad el choque fue grande. Tener que reconocer que el nombre de Dios está en boca de muchos que ni siquiera saben lo grandioso que es Él. Tener que encontrarme con personas que van dañándolo todo a su paso y que como si nada luego se escudan en una iglesia para de esta forma “esconder” sus marañas en su pasar por el mundo. Cuánto lamento que en República Dominicana se esté dando una situación tan delicada referente a la fe. Es tanto así que he escuchado a algunas personas decir con orgullo “yo estoy yendo a la iglesia que va fulano”. Lo triste es que lo hacen no para escuchar la palabra de Dios, sino para llenarse la boca diciendo que visitan el templo al que asiste una persona famosa. No se dan cuenta de que con esto no solo le quitan protagonismo al único que debemos seguir, a Jesus, sino que dejan claro que a quien están venerando es a ese ser humano a quien hasta en su religión idolatran.
Me gustaría no solo volver, sino quedarme en esa ciudad fabulosa donde no se toma el nombre de Dios en vano.

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