jueves, 14 de junio de 2012


Amar y respetar a los demás


Hace unos días escuché una conferencia de Carlos Cuauhtémoc Sánchez en la que hablaba sobre las relaciones humanas y su importancia.

Durante la conferencia habló sobre la importancia de valorar a las personas por lo que son, no por lo que tienen ni mucho menos por lo que te pueden ofrecer, sino amar y respetar a los demás por el hecho de ser seres humanos.

A mi edad he tenido que ver muchas cosas, entre ellas, personas muy “pispirisnays” que piensan que los demás no tienen derecho a superarse, y disfrutan mirar a los otros por debajo del hombro.

A esas personas les invito a leer este cuento. Trata de un joven judío que, al realizar un largo viaje en avión, le tocó sentarse junto a un anciano.

El joven se mostró despectivo, altivo y grosero. En cuanto pudo le solicitó a la azafata cambiarse de lugar. Ella preguntó por qué, y él no tuvo reparo en contestar que el viejo de su derecha era insoportable, “tose y apesta”. Al llegar a su destino el muchacho vio una gran comitiva de recibimiento. Cientos de personas esperaban con ansias al anciano que resultó ser un gran maestro rabino. Entonces arrepentido de su actitud, el joven se acercó para pedirle perdón y solicitarle su bendición, pero éste le contestó: “¿rechazaste al anciano y te acercas al rabino? Lo siento, no puede ser bendecido quien no es condescendiente. Tendrás que pedir perdón a todos los ancianos del mundo”.

Y como dicen por ahí que la humildad es la llave de todas las puertas, ay, cuánta gente he visto arruinarse en su propia miseria por su arrogancia y falta de humildad, y después andar con el “rabito entre las piernas” cuando las puertas se les cierran, una tras otra por creerse el papel de superioridad.

Y luego con su cara muy dura y limpia le dicen a una que no saben lo que le hicieron a fulano o a zutano porque no entienden su actitud. Ay lectores, el mundo es muy chiquito.  Por ejemplo el área de la política, cuántas personas que, como el joven judío, tienen que pedir perdón no sólo a un anciano, sino al joven, al envejeciente, al hombre, a la mujer...

Hay un dicho anónimo que reza: “la felicidad se encuentra en la humildad y la sencillez”. Otro es el que le dijo una electricista a mi mamá. Con la sabiduría que dan los años le dijo: “doña, todo es todo y nada es nada, así que esté tranquila”. En pocas palabras: “no se vuelva loco, hoy usted está en una posición y mañana puede que esté en otra muy inferior o supeior”. Respete y quiera a los demás y verá los resultados, en las buenas y en las malas.
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